Ésta página, nació para dar respuesta a una serie de buenos amigos que aseguran que se lo pasan bien con las cosas que escribo. Del “cuadrito” no hablo, aunque no desentonaría, entre lo que sale hoy; con toda modestia ¡garantizado!. Los nuevos, no me han enseñado nada.

Dije en su momento que no sabía si su interés estaba basado en el deseo, o en la caridad. A todos gusta que nos alaben, y a las seguidores de los productores de aucas, continuadores de los trovadores medievales y remontándonos antes a los mala milk de los bufones, muchísimo más. Si quiere que un comunicador le guarde eterna simpatía, cuando se lo cruce, dígale: “muy bueno lo tuyo”, se pondrá mas “lindo” que un pavo real en plena exhibición. Usted posiblemente no sepa el porqué; él, a lo peor tampoco, pero en su fuero interno ha sentido un “gustirrinin” muy especial. Ese día se sentirá el dueño del corral (la redacción).
La segunda causa, es la caridad. Quizás pensaron:”vamos a darle un poco de jabón a éste que ya está mayor”. Tratándose de compañeros de estudios, de oficio y artistas, es más que probable. Tan lejos como que ésta misma mañana, me lo recordaba, con rin, tin,tin, Teresa, de mi Editorial.

Mi sorpresa ha sido descubrir que son más de los que pensaba. “El contador, no engaña”. Y que antiguos amigos de otros países, se han acordado del compañero Toni, e inclusive, muchos nuevos profesionales han sentido curiosidad, por ver como lo hacían (dicho con toda humildad), las vacas sagradas del periodismo del siglo pasado.
La verdad es que con mis articulitos de vez en cuando iba matando la afición. Ahora me debo preocupar con que el Blog, tenga vida. Así que entre la página y escribir libros, ¡estoy ocupadísimo!.
Para que la página sea mas viva y resulte mucho más apetecible para el lector, les incluiré trabajos de otros compañeros que hablan y trabajan en nuestro idioma desde diferentes partes del mundo. Me gustaría que el blog fuera un pequeño referente para dejar claro que somos más de 400 millones de castellano parlantes.

A unos, a otros y a los de más allá, muchas gracias. Confío en no defraudaros.

viernes, 17 de septiembre de 2010

EL CABO CAÑAVERAL DE LA SALUD

Hace unos años se decía: “esto es cabo Cañaveral”. La frase hecha correspondía a aquello que se improvisaba, o con lo que se experimentaba.
Los menos jóvenes de los lectores, no es solo que la recuerdan si no que les traerá, gratos o ingratos tiempos pasados, porque seguro que ellos también la han utilizado, unas veces como reproche de algo, otras como respuesta a alguna cosa, e inclusive en tono jocoso.
El SAS (Servicio Andaluz de la Salud), se dedica como he comprobado en primera persona a experimentar con un ambulatorio, al que pomposamente los responsables de “tal cosa” llaman: “Centro de Salud”.
Les relato una serie de hechos y ustedes mismos verán si es o no para aplicarle la frasecita.
He contado que vivo en una zona residencial medianita, a la que los alcaldes y digo bien, en plural la hacen pretenciosa, es decir la colocan muchísimos escalones por encima de lo que le corresponde, pero en todo, en impuestos evidentemente, como si fuera “la milla de oro de Marbella”, y desgraciadamente para sus habitantes, no le alcanza ni a la suela del zapato.
En ella se superponen dos términos municipales, los de Punta Umbría y el de Cartaya, y como suele suceder en éste tipo de barriadas: “dos para el saco y el saco en tierra” ( traducido al día a día, el uno por el otro y la casa sin barrer).
Después de muchos esfuerzos y cabreos, con corte de carretera incluida, un domingo a las doce del medio día, se logro que justo en la calle que delimita los dos términos y en una parcela municipal, se construyese un ambulatorio, pequeñito. Con tan solo dos salas de consulta, una de enfermería, para todo, una recepción, servicios, un almacén pequeñito, una salita privada y dos salas de espera minúsculas. Fue todo un acontecimiento, los habitantes de la barriada, ya no tenían que desplazarse siete kilómetros para ser atendidos. La Delegación provincial, mando a una médico y un ATS, como todo personal sanitario, es decir no enviaron ni un celador, ni ambulancia; nada de nada.
La gente estaba contenta porque no tenía que desplazarse y darse el madrugón para que la viera el doctor. Además tuvimos suerte porque nos enviaron una gran médico de familia. Así estuvimos dos años, después y de la noche a la mañana, la sustituyeron por otro facultativo que tardo un tiempo en adaptarse y cuando ya conocía a los pacientes, lo quitaron y estuvimos seis meses, con un médico diferente cada día.
Las quejas fueron sonadas y el director del Centro del que depende el ambulatorio, lo justifico de ésta manera: “La barriada es una zona residencial de Guirys. Yo mandando un doctor para que haga recetas y tengo cubierto el servicio”.
Ni que decir tiene que se le argumento con datos que no estaba en lo cierto, cuando lo comprobó, prometió y cumplió que a primero de año mandaría un facultativo especialista en medicina de familia. De esta manera nos hemos defendido la población residente hasta hoy, cunado se nos ha dicho, que la doctora se va, porque ha salido a concurso la plaza de médico titular que le han adjudicado a alguien que se hará cargo de nuestro ambulatorio.
Eso significa un profesional que a lo mejor es una eminencia, pero que no tienen ni idea de cuales son sus enfermos, “ni los males” que padecen, ni los tratamientos, ni cuales son las circunstancias clínicas que tienen, ni…., ni…….., ni…………
¿Qué criterio tiene con respecto a los enfermos el SAS?. Sencillamente el de Juan Palomo: “me lo guiso y me lo como” y como siempre, al ciudadano que “le den con el rabo de la sartén” y ustedes ya me entienden.
Leído lo que antecede, ¿díganme. Es o no, “Cabo Cañaveral, el pequeño Centro de Salud” de mi barrio?.
Bueno pues en la Autonosuya de José Griñan, las cosas funcionan como les termino de contar.
Yo que soy creyente, le pido al Altísimo, que el que venga sea buena persona y buen profesional, ojo, con ganas de enterarse e involucrase con sus pacientes. Si no, apañaos estamos, y vuelta a empezar con las broncas y reclamaciones. Un sin vivir.

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